jueves, 20 de febrero de 2014

SHELLEY: ODA A NÁPOLES (un fragmento)

La ciudad de Nápoles con el Vesubio al fondo

Gran Espíritu, amor más profundo que riges
y que mueves cuanto hay en la orilla italiana:
tú que extiendes el Cielo y que pones en torno
bosques, olas y rocas; tú, que sobre tu estrella
estás sentado, encima del suelo del océano;
¡alma de la belleza!, a cuyo suave mando
las lluvias y los soles destilan su abundancia
desde la gelidez del seno de la Tierra;
haz que esos rayos sean un fuego cegador
de rayos, y esas lluvias, rocío de veneno.
Haz mortal la abundancia de la Tierra, y ordena
al claro cielo en lo alto, mientras que lo rodean
la luz y la tiniebla, ¡que les haga su tumba
el que quiso hacer de él nuestra tumba y la suya!
O llena con tu ardor armonioso a tus hijos
y álzalos, mientras sobre el sumiso horizonte
tu lámpara da fuego a toda onda en la tarde;
¡sea la alta esperanza del hombre, su deseo
lo que haga realizarse tu voluntad divina!
...
Espíritu, no importa de tu estelar sagrario
qué concedas o qué guardes, ¡ojalá quede
esta ciudad por siempre de tu adoración libre!

Traducción de José María Valverde.

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